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Un blog sobre viajes y fútbol



Lo más cerca que he estado de Sochi en mi vida

07/02/2014   1 comentario General , viajes , viajes , viajes , reflexiones , apariencias , reflexiones , aviones , vuelos , rusia , moscú

Ruso, ese idioma infranqueable. Así escriben manzana en los escaparates del centro de Moscú, verano de 2012. (Nota: ahí en realidad pone algo traducible como "pronto")

Nunca he estado en Sochi, esa ciudad balneario de clima subtropical que pasará a la historia por acoger, desde hoy, unos Juegos Olímpicos de Invierno. Sí, subtropical y de invierno. Junto a la playa. Y de invierno.

Pero hace relativamente poco sí estuve en Moscú, en la que fuera capital del mundo no libre, según algunos, o de la utopía, según otros, y que hoy es simplemente un lugar lejano, frío y oscuro en todos los sentidos, según casi todos. No estuvo mal, sin más. Apenas mereció unas cuantas notas en mi roído cuaderno de viajes que ahora rescato por curiosidad. Me ha entrado la risa leyéndolo, y soy de los que creo que la felicidad debe ser compartida:

- Desodorantes "72 horas de acción" como reclamo de moda en los supermercados. Quizá en el gélido invierno de por aquí baste con ducharse cada 3 días, pero en su muy seco verano, no. El Metro más monumental del mundo da fe de que no cuela.

- El petrocapitalismo gasístico elevado a la máxima potencia, encarnado en el centro comercial más lujoso que nunca vi, comparte plaza, la Roja, con el mayor símbolo del comunismo más comunista que queda hoy en pie (si exceptuamos a Fidel Castro, claro): el mausoleo de Lenin. Y dentro de ambos must hace frío incluso en agosto. Cosas del aire acondicionado necesario para mantener impertérrito tanto un cuerpo incorrupto como ese Louis Vuitton por el que se pelea lo menos granado de la decayente burguesía del lugar a brazo partido con aquella guiri no más apetecible. Abríguense.

- El Metro, era verdad, como monumento. Visita imprescindible. Entrar en Belorusskaya o en Novokuznetskaya y quedarte boquiabierto. Pero mejor no intentar pronunciarlo.

- El vuelo entre Tokio y Moscú ocupa unas 10 horas. 10 horas en las que prácticamente solo se sobrevuela Rusia, Rusia y más Rusia. Tremendo país.

 

PD: por cierto, la pantallita del asiento del avión dice que ahora mismo sobrevolamos Novosibirsk, ¿¿quién cojones vive en Novosibirsk??



Amanece sobre Groenlandia

21/11/2010   1 comentario General , viajes , viajes , viajes , experiencia , turismo , Groenlandia , aviones , vuelos

Marzo de 2008

A las 7 de la mañana salía de Barajas. Destino: París camino de una inexplicable escala rumbo a Salt Lake City (¿quién c___ viaja desde la capital francesa hasta Utah para justificar un vuelo diario?). Por supuesto, el avión presentaba un aspecto desangelado, casi vacío, con los pasajeros mirándonos de reojo como intentando intuir qué narices hace ese tío en este vuelo. Lo bueno de estas situaciones es la posibilidad de convertir tu fila de 3 asientos vacíos en una improvisada cama en donde enjugar el cambio horario cerrando los ojos. En ocasiones, incluso me duermo.

A medio camino, cuando ya habíamos atrapado al sol en su camino hacia el oeste, la voz del comandante interrumpió sin previo aviso: "Señores pasajeros, siento decirles que hemos tenido que variar nuestra ruta y entrar en América bordeando Terranova, donde fuertes corrientes de aire desaconsejaban nuestro plan inicial." ¿Para eso me ha despertado? Medio avión frunció el ceño. "Esto supone media hora de retraso, pero tienen la buena noticia al otro lado de la ventanilla: estamos sobrevolando Groenlandia en un rarísimo día sin nubes". Me faltó tiempo para subir la cortinilla de un golpe. Apreté la nariz contra el cristal. Se oyeron exclamaciones, muy probablemente alguna mía. Los ojos como platos y no dudé ni un segundo en encender el móvil: "Lo siento, es la única cámara de fotos que tengo a mano", comenté a mi compañero de vuelo más cercano. Durante los siguientes 20 minutos sólo vimos hielo, nieve, blanco nuclear. La mejor definición de la más absoluta nada. La naturaleza impresiona. Groenlandia sobrecoge.

No pude volver a conciliar el sueño, pero nunca estaré lo suficientemente agradecido al comandante del vuelo más extraño de mi vida.




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