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Un blog sobre viajes y fútbol



50 años del desastre de Ribadelago

24/01/2013   1 comentario viajes , viajes , viajes , historia , reflexiones , turismo , revistas , publicaciones , españa , reflexiones , periodismo , freelance , Ribadelago , Sanabria

 

l invierno de 1959 fue realmente duro en la comarca de Sanabria, al norte de la provincia de Zamora. La noche de aquel 9 de enero los termómetros marcaban 18 grados bajo cero, y un
viento helador mantenía a los vecinos de Riba- delago recluidos en sus casas. Ocho kilómetros montaña arriba, la preocupación se apoderaba de los operarios de la presa de la Vega de Tera. Hacía días que nevaba y llovía sin parar, lo que había llevado al pantano al límite de su capa- cidad. Había que desembalsar agua urgente- mente, pero era imposible.

De cuando las tragedias no salían en los periódicos. Sanabria, medio siglo después

"El invierno de 1959 fue realmente duro en la comarca de Sanabria, al norte de la provincia de Zamora. La noche de aquel 9 de enero los termómetros marcaban 18 grados bajo cero, y un viento helador mantenía a los vecinos de Ribadelago recluidos en sus casas. Ocho kilómetros montaña arriba, la preocupación se apoderaba de los operarios de la presa de la Vega de Tera. Hacía días que nevaba y llovía sin parar, lo que había llevado al pantano al límite de su capacidad. Había que desembalsar agua urgentemente, pero era imposible [...]

[...] La leyenda dice que cada 9 de enero puede oírse un triste repique de campanas en recuerdo de los fallecidos."

 

El reportaje completo, en colaboración con Alberto Vázquez-Figueroa, aquí...



Sin periodistas no hay paraíso

25/09/2012   2 comentarios General , viajes , viajes , viajes , reflexiones , revistas , publicaciones , reflexiones , periodismo , freelance

Aquel primer pie fuera de la redacción. Viena, principios de 2008

Estos días se cumplen ya cinco años. Yo tenía 23, aún me afeitaba al ras y tuve que ponerme un polo porque en mi inmundo primer piso madrileño de estudiantes no había plancha. O al menos yo nunca la vi. Y las camisas, o las planchas o no te las pongas.
Hubo un primer momento de entrevista tostón con recursos humanos, claro, por aquello de hacer filtro para cazar a posibles psicópatas, o por si no sabía leer, esas cosas que hacen las empresas a base de preguntas sin sentido. Pero 10 minutos más tarde ya estaba hablando de fútbol con Javier Olivares, lamentablemente madridista y la segunda persona que creyó que yo tenía algo que ofrecer en esto del periodismo, la primera en la gran ciudad. Al cuarto de hora me preguntó que de dónde era: "del mismo Zamora, contesté bien alto". Y entonces me soltó el órdago: "quiero un reportaje sobre Zamora, 7.000 caracteres con espacios. Para el lunes. Si me gusta, saldrá publicado en el siguiente número de Dominical, sino, gracias por haber venido". Aún conservo un par de ejemplares del siguiente número de Dominical. Estás arrugados, descoloridos, porque Dominical nunca se distinguió por la calidad de su papel y porque han soportado varias mudanzas, pero se sigue leyendo claramente: 'Zamora. Capital del románico'. Texto: Jano Remesal.
Fue la primera de más de 100 firmas similares. Durante un año trabajé por las mañanas y estudié por las tardes. Nunca nadie me volverá a dar tanta confianza sabiendo tan poco sobre cualquier absolutamente todo. Abusando de esa confianza, y con apenas 3 meses en mi silla, tiré de suerte y caradura para agenciarme un viaje a Viena. Era para cubrir el Campeonato Europeo de Poker, pero daba igual para qué era, lo importante era viajar por trabajo, el único sueño laboral que he tenido en toda mi vida. Un par de medias verdades más tarde ya tenía a Everest Poker comprándome los billetes. ¿Cuántos años tienes?, me preguntó Inma Garrido, la crack número 2 de toda esta historia. “Voy a cumplir 24...” Tras fruncir el ceño, otra frase de las míticas: "eres demasiado joven, te van a tomar por el pito del sereno. En lo que a nosotros respecta, tú tienes 27 años". Así es como de puertas afuera tuve 27 años durante 3 años seguidos. En ese primer viaje nunca me acordaba de pedir factura, hacía fotos hasta a las paredes, y grababa minutos y minutos de tonterías por si acaso. No tenía ni idea. Pero después de ese viaje vino Estados Unidos, más tarde Ginebra, y luego Roma, y una decena más por España. Esa gente de Progresa confiaba en mí, y no perdía ninguna ocasión para demostrármelo.
Y digo Progresa, como los antiguos. Para mí siempre será Progresa, aunque mole mucho más decir Prisa Revistas, porque Prisa parece grande y guay. Pero lo guay es que tu jefe te diga que te quiere tener a distancia de colleja, que los viernes me mande a la mierda a las 2 porque sabe que tengo novia, y que te digan una y otra vez que no llegamos pero al final siempre se llegue. Nunca hemos sacado una página en blanco, aunque haya que hacer tiradas de 96 páginas + extra de Navidad.
Llegó aquel mes de octubre, y querían seguir contando con el becario, pero al becario le habían ofrecido un curro que tenía buena pinta. Craso error. Un par de meses después había salido corriendo de aquel curro que ya no tenía tan buena pinta. Había seguido colaborando con Progresa, y casualmente al día siguiente sonó el teléfono, mientras estaba solo en casa, a media mañana, en esa soledad extraña de los parados en hora punta. Sin saber qué iba a ser de mi vida. Eran ellos de nuevo. Les conté lo mío, y nunca se me olvidarán sus palabras: "No te preocupes Jano, aquí nunca te va a faltar trabajo". Tenía 24 años, pero siempre les había dado igual mi edad. Confiaban en mí, eran los segundos en hacerlo, los primeros a ese nivel. 15 días más tarde estaba en Praia do Forte, en Brasil, y un par de meses más tarde en República Dominicana, mientras terminaba la edición de Viajeros Barceló, mi primera guía de viajes. Desde hace años los periodistas de plantilla son tan pocos que no pueden permitirse viajar, se necesitan freelance. Lo comprendí rápido, seguí el consejo de Luis y me compré una Reflex con la que sigo sin saber hacer nada más que lo imprescindible para que me publiquen una foto de vez en cuando: “se paga el doble que por un reportaje sin fotos”, me avisó Luis. Al segundo mes había amortizado la cámara y durante dos años viví de viajar y escribir. Simplemente escribir.
He buscado una foto de la redacción para ilustrar este post. Pérdida de tiempo, no tengo ninguna. Tengo fotos de todos los sitios por los que he ido pasando, también profesionalmente. Pero ni una sola imagen fija de Progresa. Tras darle vueltas he llegado a la conclusión de que las fotos las haces cuanto te vas de un sitio, cuando se acaba una etapa y quieres tener un recuerdo sonriente, pero en realidad yo nunca me he ido de Progresa. Cada proyecto que acababa daba pie a uno nuevo, cada reportaje entregado por los pelos nunca es el último. Siempre me he sentido de allí, nunca me he ido.
Van por su segunda semana de huelga ya, los trabajadores de Progresa, digo... Prisa Revistas, en la puerta de El País. Un ERE pende sobre sus cabezas. Quieren echar a 45 trabajadores de los 93 que forman la plantilla total. De los 93 que a día de hoy hacen una treintena de revistas y editan varias páginas web. Prisa Revistas era Mucho Viaje, era Paisajes desde el tren, es Gentleman, es On Madrid, es Dominical, es Cinemanía...
Mil veces me han dicho que he tenido suerte, y yo nunca lo he negado. He tenido muchísima suerte. Muchísima suerte de tropezarme con Javier Olivares, muchísima suerte de que Inma Garrido se dejase engañar por mí para poder ir a dar vueltas por el mundo siendo un simple becario. Muchísima suerte por aprender de qué va esto en un lugar donde la gente importante no tiene despacho, donde los espacios son diáfanos, y si hay alguna puerta no cierra.
Y todo esto se aprende en esa clase de sitios, no viajando de mochilero o cortando frases para que entren en 140 caracteres. El periodismo se está yendo por el retrete. Hoy cualquiera piensa que es periodista por tener un blog como éste, o incluso peor. Se engaña. Y nos engaña. Sean de carrera o de oficio, el periodismo lo hacen los periodistas. Y sin periodismo, el mundo es una mierda.
PD: sé que esto a nadie le importa. Pero o lo escribía, o reventaba. Y acabo de pintar las paredes.

Estos días se cumplen ya cinco años. Yo tenía 23, aún me afeitaba al ras y tuve que ponerme un polo porque en mi inmundo primer piso madrileño de estudiantes no había plancha. O al menos yo nunca la vi. Y las camisas, o las planchas o no te las pongas.

Hubo un primer momento de entrevista tostón con recursos humanos, claro, por aquello de hacer filtro para cazar a posibles psicópatas, o por si no sabía leer, esas cosas que hacen las empresas a base de preguntas sin sentido. Pero 10 minutos más tarde ya estaba hablando de fútbol con Javier Olivares, lamentablemente madridista y la segunda persona que creyó que yo tenía algo que ofrecer en esto del periodismo, la primera en la gran ciudad. Al cuarto de hora me preguntó que de dónde era: "del mismo Zamora", contesté bien alto. Y entonces me soltó el órdago: "quiero un reportaje sobre Zamora, 7.000 caracteres con espacios. Para el lunes. Si me gusta, saldrá publicado en el siguiente número de Dominical, sino, gracias por haber venido". Aún conservo un par de ejemplares del siguiente número de Dominical. Están arrugados, descoloridos, porque Dominical nunca se distinguió por la calidad de su papel y porque han soportado varias mudanzas, pero se sigue leyendo claramente: 'Zamora. Capital del románico'. Texto: Jano Remesal.

Fue la primera de más de 100 firmas similares. Durante un año trabajé por las mañanas y estudié por las tardes. Nunca nadie me volverá a dar tanta confianza sabiendo tan poco sobre absolutamente todo. Abusando de esa confianza y con apenas 3 meses en mi silla, tiré de suerte y caradura para agenciarme un viaje a Viena. Era para cubrir el Campeonato Europeo de Poker, pero poco importaba para qué era, lo importante era poner el pie allí, viajar por trabajo, el único sueño laboral que he tenido en toda mi vida. Un par de medias verdades más tarde ya tenía a Everest Poker comprándome los billetes. ¿Cuántos años tienes?, me preguntó Inma Garrido, la crack número 2 de toda esta historia. “Voy a cumplir 24...” Tras fruncir el ceño, otra frase de las míticas: "eres demasiado joven, te van a tomar por el pito del sereno. En lo que a nosotros respecta, mejor que tú tengas 27 años". Así es como de puertas afuera tuve 27 años durante 3 años seguidos. En ese primer viaje nunca me acordaba de pedir factura, hacía fotos hasta a las paredes, y grababa minutos y minutos de tonterías por si acaso. No tenía ni idea. Pero después de ese viaje vino Estados Unidos, más tarde Ginebra, y luego Roma, y una decena más por España. Esa gente de Progresa confiaba en mí, y no perdía ninguna ocasión para demostrármelo.

Y digo Progresa, como los antiguos. Para mí siempre será Progresa, aunque mole mucho más decir Prisa Revistas, porque Prisa parece grande y guay. Pero lo guay es que tu jefe te diga que te quiere tener a distancia de colleja, que los viernes me obligue a irme a las 2 porque sabe que tengo novia, y que te digan una y otra vez que no llegamos pero al final siempre se llegue. Nunca hemos sacado una página en blanco, aunque haya que hacer tiradas de 96 páginas + extra de Navidad.

Llegó aquel mes de octubre, y querían seguir contando con el becario, pero al becario le habían ofrecido un curro de esos a tiempo completo y que tenía buena pinta. Craso error. Un par de meses después había salido corriendo de aquel curro que ya no tenía tan buena pinta. Había seguido colaborando con Progresa, y casualmente al día siguiente sonó el teléfono, mientras estaba solo en casa, a media mañana, en esa soledad extraña de los parados en hora punta. Sin saber qué iba a ser de mi vida. Eran ellos de nuevo. Les conté lo mío, y nunca se me olvidarán sus palabras: "No te preocupes Jano, aquí no te va a faltar trabajo". Seguía teniendo 24 primaveras en el DNI, pero siempre les había dado igual mi edad. Confiaban en mí, eran los segundos en hacerlo, los primeros a ese nivel. 15 días más tarde estaba en Praia do Forte, en Brasil, y un par de meses más tarde en República Dominicana, mientras terminaba la edición de Viajeros Barceló, mi primera guía de viajes. Desde hace años los periodistas de plantilla son tan pocos que no pueden permitirse viajar, se necesitan freelance. Lo comprendí rápido, seguí el consejo de Luis y me compré una Reflex con la que sigo sin saber hacer nada más que lo imprescindible para que me publiquen una foto de vez en cuando: “se paga más que por un reportaje sin fotos”, me avisó Luis. Al tercer mes había amortizado la cámara y durante dos años viví de viajar y escribir. Simple y maravillosamente viajar y escribir.

He buscado una foto de la redacción para ilustrar este post. Pérdida de tiempo, no tengo ninguna. Tengo fotos de todos los sitios por los que he ido pasando, también profesionalmente. Pero ni una sola imagen fija de Progresa. Tras darle vueltas he llegado a la conclusión de que las fotos las haces cuanto te vas de un sitio, cuando se acaba una etapa y quieres tener un recuerdo sonriente, pero en realidad yo nunca me he ido de Progresa. Cada proyecto que acababa daba pie a uno nuevo, cada reportaje entregado por los pelos nunca es el último. Siempre me he sentido de allí, nunca me he ido.

Van por su segunda semana de huelga los trabajadores de Progresa, digo... Prisa Revistas, en la puerta de El País. Un ERE pende sobre sus cabezas. Quieren echar a 45 trabajadores de los 93 que forman la plantilla total. De los 93 que a día de hoy hacen una treintena de revistas y editan varias páginas web. Prisa Revistas era Mucho Viaje, era Paisajes desde el tren, es Gentleman, es On Madrid, es Dominical, es Cinemanía...

Mil veces me han dicho que he tenido suerte, y yo nunca lo he negado. He tenido muchísima suerte. Muchísima suerte de tropezarme con Javier Olivares, muchísima suerte de que Inma Garrido se dejase engañar por mí para poder ir a dar vueltas por el mundo siendo un simple becario. Muchísima suerte por aprender de qué va esto en un lugar donde la gente importante no tiene despacho, donde los espacios son diáfanos, y si hay alguna puerta no cierra.

Y todo esto se aprende en esa clase de sitios, no viajando de mochilero o cortando frases para que entren en 140 caracteres. El periodismo se está yendo por el retrete. Hoy cualquiera piensa que es periodista por tener un blog como éste, o incluso peor. Se engaña. Y nos engaña. Sean de carrera o de oficio, el periodismo lo hacen los periodistas. Y sin periodismo, el mundo es una mierda.

 

PD: sé que esto a nadie le importa. Pero o lo escribía, o reventaba. Y acabo de pintar las paredes.

 

Lo que dio de sí aquel primer viaje, aquí...




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